21 de junio de 2008

The Little Girls, de Elizabeth Bowen


Al parangonar la radical inventiva de Bowen con la de otros autores del siglo XX, no está de más citar a su biógrafa Victoria Glendinning: "Bowen is to be spoken of in the same breath as Virginia Woolf, on whom much more breath has been expended", y perdón por el agravio comparativo.
"The Little Girls" (1963) está entre las obras más notables y difíciles de Bowen.
El argumento es aparentemente sencillo, pero está lleno de trampas.

Parte 1- Dinah, una viuda levemente excéntrica recuerda que, de niña, justo antes del comienzo de la I Guerra Mundial, enterró con dos amigas una "cápsula del tiempo" en la finca del colegio donde estudiaban. Ninguna de las tres niñas (las "little girls") reveló a las otras qué objeto había elegido para el futuro. De pronto, a Dinah le resulta imperioso que las tres vuelvan a reunirse, y se reúnen. Son personajes extremos, de farsa. Intuimos que en 1914 se forjaron dramas que cada una de las tres ha digerido (o no) de distinta manera.

Parte 2- Viajamos al pasado. Las niñas tienen once años y planean enterrar la caja. El carácter y las circunstancias de cada una de las little girls determinarán -intuímos- su destino. La presentación del momento vital es fragmentada y confusa, exactamente como la percepción de las niñas. La caja es enterrada. Atención a los secundarios.

Parte 3- Viajamos al futuro. Todo lo que ha sucedido entre 1914 y el presente ha estado enterrado, como la caja. Para Dinah, según descubrimos de manera inicialmente grotesca y después dramática, el tiempo se ha plegado. Ciertas alianzas entre las tres "little girls" (ahora "grown-ups") se establecen de manera irrevocable. El vínculo que unió dos veces en la vida a estos tres personajes es minúsculo y ridículo, como la esencia de muchas existencias -posiblemente de todas.

La lectura de esta novela es ardua por cuatro motivos:
-la presentación fragmentaria de la historia. Como es habitual en Bowen, las escenas que hacen avanzar la trama están omitidas.
-el lenguaje es característicamente difícil. Se decía de Bowen que, de repente, en medio de una frase, "she simply took off". Y es cierto: el gusto por la palabra menos habitual es aquí un rasgo de estilo que contribuye maravillosamente a la sensación general de extrañeza.
-la forma de la novela está ajustada estrictamente a la visión de los personajes principales, sin concesiones a las formas narrativas tradicionales.
-la novela se resuelve -artísticamente- sólo en su largo capítulo final, al que se llega después de 250 páginas de desorientación. Es una apuesta a doble o nada, pero ¿alguien duda de que Bowen gana siempre?


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Cápsulas del tiempo y una maravillosa historia del futurismo como género artístico en:
http://davidszondy.com/future/timecapsule/timecapsule1939.htm

28 de mayo de 2008

Eva Trout, de Elizabeth Bowen


Eva Trout es una novela extraña, extrañísima: es un enigma. Elizabeth Bowen, escritora que sólo se parece a sí misma, la escribió en 1968 y murió cinco años después. Fue su último libro y un ejemplo magnífico de que a veces, sólo a veces, el paso del tiempo no merma la libertad y la valentía de los artistas libres.

¿De qué trata Eva Trout? En un nivel superficial, es la historia de Eva, un personaje sin rasgos que toma posesión de una herencia millonaria, de sus intentos por encontrar una identidad (o algo que se le parezca), y de las consecuencias que esa búsqueda tiene en las vidas de los demás en un plazo de ocho años. También es la historia del resto de personajes, rapaces en mayor o menor medida, y de los trastornos que sufren al entrar en contacto con Eva, que no se deja aprehender, resumir ni dominar.

Pero, como en los poemas, tema y esencia son una misma cosa en esta novela. Hay que leerla.

¿Qué es Eva Trout?

Una cima de la corriente literaria según la cual arte y artificio son una misma cosa. Una novela que transcurre en estado de gracia. Un juego de magia intelectual que consiste en desvelar un acertijo capa tras capa (y las capas son un lenguaje elevado y elusivo –mucha voz pasiva, formas verbales no personales, vocabulario inusual-, una trama que escamotea la narración de los momentos climáticos y unos personajes inasibles), para descubrir que, al final, el objeto encontrado es esencialmente, irreductiblemente misterioso. Una reinterpretación en clave burlesca del tema de la identidad –esa obsesión cultural del siglo XX. Un reto para el lector. Un libro adictivo. Una gozada.

Elizabeth Bowen (1899-1973) escribió mucho a lo largo de una prodigiosa carrera literaria de cincuenta años. Incomparable en estilo y en visión artística, Elizabeth Bowen podría estar en la cadena que une a Henry James con Ivy Compton-Burnett y a ésta con Henry Green y a éste con Muriel Spark (a quien Bowen ayudó a publicar con Knopf en Estados Unidos, por cierto).

Alegrémonos y empecemos con cualquiera de sus libros, algunos muy notables, otros simplemente extraordinarios: The death of the heart, The heat of the day, The house in Paris, The last September, The little girls, A world of love, la antología de sus relatos y, por supuesto, Eva Trout.

Un fragmento:

“Anybody looking in at a window –though who should?- would have seen how fire transformed the room, had he known it any other time. The piled-up driftwood now it had caught alight was burning ethereally, excitably, with a brandy bluishness. The fire was fed: as spar after spar fell in, incinerated and glowing, in were flung more. There was something devotional about this attendance upon the fire by the two persons crouched on the rug in front of it. They seemed unified, and not by their awe of the element and their task only. The zestful blaze, which was still so youthful that it illuminated rather than warmed the hearth, played on two primitive faces not far apart. Now and then hands collided, or shoulders touched”.

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Elizabeth Bowen atribuía su preferencia por el carácter artificioso de la literatura a su origen irlandés: “ To most of the rest of the world we are semi-strangers, fro whom existence has something of the trance-like quality of a spectacle. (…..) Art is for us inseparable from artifice…” Pictures and Conversations, citado por Victoria Glendinning en su biografía de Elizabeth Bowen.

*Fotografías de Francesca Woodman

9 de mayo de 2008

Los niños, de Edith Wharton

Estamos acostumbrados a ver a Edith Wharton vestida como en 1880 y quizá olvidamos que escribió toda su obra literaria en el siglo XX y que es compañera de generación de, por ejemplo, Joyce, Freud, Virginia Woolf o Robert Musil. Cuando muere, en 1937, Proust ya “estaba de moda hasta en los círculos menos capacitados para leerle”, y Claude Simon y Julien Gracq (ambos recién fallecidos) estaban a punto de empezar a publicar libros.

Los niños (1928) es una novela muy seria y muy precisa, sin adornos ni ironía, que narra las vacilaciones de Martin Boyne, ingeniero norteamericano de cuarenta y seis años, en una encrucijada vital. La trama, en líneas generales, se plantea así:

Martin Boyne viaja a Italia, donde piensa encontrarse con la mujer que ama: Rose Sellars. En el barco, y por casualidad, conoce a un grupo de siete niños que resultan ser hijos e hijastros de unos antiguos conocidos de Martin, los Wheater. Destacan Terry, un niño enfermizo y sensible, y Judy, la mayor de todos: una niña de quince años que se ha erigido en madre de los demás. Los niños son ricos y salvajes, maleducados y nómadas, y solicitan la ayuda de Martin para que “haga algo” por ellos. En sólo dos escenas (una excursión a Monreale y la súplica de Terry), Martin queda comprometido con el futuro de los niños. Hará algo.
E intercede ante el matrimonio Wheater en cuanto el barco atraca en Venecia, aunque sin éxito. Los Wheater son imposibles y frívolos, y los niños parecen condenados a un futuro igualmente errático; pero Martin no puede quedarse. Debe ir a las puras cumbres de Cortina d’Ampezzo, donde su amada Rose Sellars, buena, comprensiva, elegante y perfecta, le espera en un refugio lejos del tiempo, el espacio, la vulgaridad y los hijos malcriados de los horribles nuevos ricos.

Y esto es sólo la primera de cuatro partes. Martin huye a las montañas y los niños huyen detrás. El resto de la acción sucede a los pies del monte Cristallo, durante un largo verano al final del cual se resuelven los conflictos fundamentales de la novela:

1- El futuro de los niños.
2- La relación entre Martin y Rose.
3- La relación entre Martin y Judy.
4- El paso a la madurez de Martin.

Nada más respecto al argumento, que avanza controladamente hasta el desenlace, en París, y el demoledor epílogo en Biarritz, bajo la lluvia, con un personaje que mira a otro a través de un cristal.

Edith Wharton domina el material literario de “Los niños” con absoluta firmeza y frialdad. Está en la cima de su carrera, muy alejada de la influencia de Henry James, y ya ha escrito varias novelas perfectas en forma y tono. Aquí se ciñe a una historia moderna (hay divorcios, actrices de cine, millonarios y gigolós) pero presentada según presupuestos del realismo de tipo psicologista del siglo XIX: la novela describe los acontecimientos sólo en relación al impacto que tienen en la mente de Martin a través de un narrador neutro, invisible, cercano al protagonista....casi una primera persona narrada en tercera persona.

No hay -no hace falta- ni un truco ni un respiro ni una sonrisa del autor al lector. Edith Wharton elige unos recursos literarios escuetos y efectivos y los maneja con mano de hierro durante cuatrocientas páginas.

Y nosotros, encantados, leemos hasta el final esta magnífica novela parando de vez en cuando para quitarnos el sombrero.

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La cita sobre Proust está sacada de la autobiografía de Wharton, "A backward glance" (1934).

The Mount fue la casa de Edith Wharton durante la primera parte de su vida. Sobre The Mount como ejemplo del neo-renacimiento arquitectónico en EEUU:
http://xroads.virginia.edu/~MA01/Davis/wharton/home/home.html
(copia y pega en el navegador)

The Mount corre el grave peligro de cerrarse al público para siempre por falta de fondos. Dona para evitarlo, y dona deprisa:
http://www.edithwharton.org/index-main.php
De lo contrario puede acabar como la mansión Wyndcliffe, en esplendor cuando la visitaron Henry James y Edith Wharton. Ahora está así:
http://www.hudsonvalleyruins.org/yasinsac/wyndcliffe/wyndcliffe.html

Todo, todo, todo sobre Edith Wharton en:
http://www.wsu.edu/~campbelld/wharton/index.html
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** Autocromos de Van Besten y de Charles Corbet

5 de mayo de 2008

Inutilidad, de William Gerhardie

Edith Wharton, que vendía novelas como una máquina, leyó "Inutilidad", de William Gerhardie durante un viaje en tren. Se río, lloró y disfrutó tanto con el libro que decidió prologarlo para “hacer partícipe del placer de su lectura al mayor número de lectores”. Podríamos pensar que gracias a su recomendación tenemos esta novela entre manos, pero no es del todo cierto: la lista de admiradores de Gerhardie incluye a Katherine Mansfield (que dijo de este libro: "está vivo...sigue respirando cuando uno lo deja”), a Evelyn Waugh (“yo tengo talento, pero Gerhardie tiene genio”) y a Graham Greene (“para nuestra generación fue el novelista más importante”).

Y basta de name-dropping. Al grano.

Esta novela tan extraña y sutil (tan “moderna”, según Wharton) comienza con un narrador medio inglés que ve zarpar un barco con destino a Shangai. En el barco viajan Nina, Sonia y Vera, hermanas, rusas, muy rusas, rusísimas. El narrador decide poner por escrito sus recuerdos de la extraña familia Bursanov, pero se encuentra con un material amorfo e incomprensible, con el “vasto mar de la vida rusa”. Y ya tenemos aquí el Gran Temazo: arte y vida. Si plasmo la vida tal cual es, me sale un libro deslavazado. Si la transformo en una novela, ¿podré reflejar la esencia última y específica de mi experiencia? Es un material irresistible con el que llevamos disfrutando dos mil años, y otros tantos que vendrán.

Eso se pregunta el narrador, que, sin dejar de dudar, plasma la historia de Nikolai Vasilievich y su inmensa familia de parásitos, unidos ante la esperanza de la gran fortuna que unas minas lejanas prometen producir. Pero las vidas de esta red de personajes sentimentales, pasivos, fatalistas e imprácticos no son novelescas: son lentas y fútiles, escurridizas, y así ha de ser la ficción que las recoja.

¿Podemos hacer algo para salvar el alma rusa? Muy poco. En una escena maravillosa al final de la primera parte, el narrador intenta enderezar los destinos de todos los Bursanov (y acólitos), y les presenta un esquema que les sacará de la apatía: tú a trabajar, tú te divorcias, tú te casas, tú te vas....Es el retrato de dos razas, la inglesa y la rusa, “tal y como se ven la una a la otra” (Wharton). El inglés, estupefacto; los rusos, encantados con su abulia. Esperan y esperan. Esperan y esperan. Esperan y esperan. Están –cronológica y conceptualmente- entre Chéjov y Beckett.

Y así pasa el tiempo, y así llega la Revolución. La red de parásitos es insostenible, y el espejismo de riqueza que prometían las minas parece cada vez más evanescente. Cambia el escenario y continúa la espera. Pero, cuidado: la vida podría comenzar en cualquier momento. O quizá no.

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* Fotografías de Ruth Van Beek

Edith Wharton publicó en 1903 un artículo titulado “The Vice of Reading”. Que se aparten los impostores y los advenedizos, pues "it is the delusion of the mechanical reader to think that intentions may take the place of aptitude".

El texto completo, aquí:
http://etext.lib.virginia.edu/toc/modeng/public/WhaRead.html


22 de abril de 2008

Guarda y tutela, de Henry James

Estamos de enhorabuena: Henry James sigue publicando.

Esta vez es su primera novela, Watch and Ward (“Guarda y tutela”), de 1871, recién traducida al castellano. El Atlantic Monthly, cuyo director era entonces William Dean Howells, publicó la novela por entregas.

Hasta su punto álgido, a partir del cual no debemos revelar nada, la historia se trenza con los siguientes hilos:

-Roger Lawrence, rico, soltero y con el corazón endurecido por un desengaño amoroso, puede ayudar y no ayuda a un hombre desesperado, que se suicida pocas horas después. Deja tras de sí a la huérfana Nora, una niña de doce años que Lawrence adopta. El corazón de Lawrence se abre. Su objetivo a partir de entonces es educar a Nora y convertirla en la mujer perfecta. Por cierto, Lawrence se ha enamorado de la niña.

-Nora crece, el peligro acecha. Cuando cumple dieciséis años, un (¿supuesto?) pariente lejano, un listo de clase muy baja, aparece con un plan: seducir a la niña, cuya dote será un filón. Es la primera fractura entre Lawrence y su pupila, y afloran las preguntas de fondo de la novela: ¿es Nora demasiado incauta? ¿sabrá Lawrence educarla para que reconozca la duplicidad de intenciones en las personas sin matar su inocencia? ¿podrá exponerla al mundo sin perderla? ¿existe el riesgo de que, pese a los esfuerzos de Lawrence, la niña esté predestinada a tender siempre a un mundo más bajo, criminal? ¿será fuerte la llamada de la sangre?

-Siguiente amenaza: Hubert Lawrence, primo de Roger, aparece. Es párroco. Su moral podría ser más firme, pero es un joven encantador, y la niña cae fascinada. Juntos como amantes dentro de un coche de caballos comparten varias bandejas de pastitas mientras la lluvia golpea los cristales. Ella está a punto de marchar a Europa durante un año. Él se encarga de llenarle la cabeza de recuerdos románticos.

-La niña parte a Europa con Mrs. Keith. ¿Quién es Mrs. Keith? La mujer que en el pasado rechazó las atenciones amorosas de Roger Lawrence, con quien ahora está en buenos términos. Viuda y conversa católica, se presta a acompañar a la niña en su viaje iniciático a Roma por amistad hacia Roger.

Y aquí hay tres adultos (Roger, Hubert y Mrs. Keith) que empujan a una niña al abismo. Sabemos que Europa para Henry James significa aguas profundas y muy, muy turbias, tal como Hubert advierte a Nora: “Para una jovencita, no es precisamente beneficioso viajar a Europa...Aquí es como si tuvieras los ojos vendados”.
Pero la mandan a Roma, cada cual esperando su beneficio.

Y este es el punto a partir del cual no revelaremos más.

La novela, que tradicionalmente se pasa por alto en la bibliografía de James (pues se toma como primera obra importante “Roderick Hudson”, cinco años posterior), es precisa y eficaz, y su lectura es un placer para cualquiera que esté familiarizado con los asuntos que Henry James sondea a lo largo de su carrera: el “tema internacional”, el dinero, la pérdida de la inocencia y la perversidad.

Venga, a leer.

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William Dean Howells, editor del Atlantic Monthly cuando James publica “Watch and Ward”, escribió una novela sobre el peaje moral que implica el éxito económico en la América de los primeros magnates. Se llama “The Rise of Silas Lapham” y ha sobrevivido bien al paso del tiempo:
El texto completo está en:
http://www.gutenberg.org/dirs/etext94/silap10.txt

El archivo online del Atlantic Monthly es una mina.
www.theatlantic.com
Reseñas de Dean Howells sobre algunas obras de Mark Twain, la primera crítica de “Las Bostonianas”, etc.

21 de abril de 2008

Life Among the Savages, de Shirley Jackson

Si existe algún pretexto que de antemano aleje al lector moderno de esta novela de Shirley Jackson, será por fuerza de naturaleza extraliteraria.

Es un libro de humor, sí. Es autobiográfico. Es un relato alegre sobre la maternidad y el caos doméstico. Hay niños, gatos, perros, papillas, Santa Claus, pasteles y coches que no arrancan. Extractos de este libro se publicaron en revistas femeninas de mucha tirada. Es la lectura fácil, maravillosamente amena, que un profesor de inglés podría recomendar a sus alumnos.
¿Y qué?
Por encima de cualquier excusa está el compromiso con el placer de la lectura, que esta novela de Shirley Jackson proporciona en cantidad.

Shirley Jackson escribió Life Among the Savages en 1953, cuatro años después del pequeño escándalo que desencadenó la publicación del relato The Lottery en el New Yorker (la historia, recogida en antologías desde entonces, narra los preparativos de la lapidación de una mujer por sorteo a manos de sus paisanos). Hasta su muerte en 1965, Jackson publicó varias novelas y relatos magníficos que tradicionalmente son considerados de horror/suspense y que, por supuesto, son más que eso. Mucho más.

En Life Among the Savages también hay tesoros por debajo de la anécdota. El libro narra, con una estructura de episodios más o menos independientes, las pequeñas historias de una familia formada por dos escritores y sus niños (uno al principio, cuatro al final) en una casa de pueblo en Vermont, a la que se tienen que mudar cuando el alquiler de su apartamento en la ciudad expira. Hay momentos magníficos, del mejor humor, en la trama de la novela, como la disquisición sobre el funcionamiento en listas lógicas de la mente femenina o la noche con gripe narrada en clave de acertijo. Pero el gran regalo literario de la novela está en los márgenes, y se aprecia retrospectivamente: es el retrato –por omisión- de los padres, sobrepasados, incapaces, pasivos, a merced del azar y el desastre doméstico.

A disfrutar.

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Entrevista a Judy Oppenheimer, biógrafa de Shirley Jackson. Cotilleo literario sobre el escándalo de la publicación de The Lottery, la vida familiar de la autora, su reputación de bruja, etc. (en audio):

http://wiredforbooks.org/mp3/JudyOppenheimer1988.mp3

Texto del relato The Lottery, 1949:
http://jackson.classicauthors.net/lottery/

Muchos de los mejores escritores en lengua inglesa de los últimos ochenta años han publicado en The New Yorker

*Fotografías de Nickolas Murray

"Wild Nights!" de Joyce Carol Oates

Wild nights! es la última colección de relatos de Joyce Carol Oates: cinco ficciones publicadas en distintas revistas entre 2004 y 2007 y reunidas en este volumen bajo el subtítulo “the last days of Poe, Dickinson, Twain, James and Hemingway”, lo cual no es completamente exacto. Sin embargo, un debate sobre la precisión con que se pueda ajustar el subtítulo del libro a su contenido no tiene importancia: lo que interesa es que tenemos entre manos unos buenísimos relatos de humor macabro protagonizados por cinco gigantes de la literatura.

1) Poe Posthumous es un diario que Edgar Allan Poe comienza a escribir el siete de octubre de 1849, día en que muere en Baltimore. En este diario póstumo (literalmente), Poe recoge su estancia en el faro de Viña de Mar, donde ha sido enviado como sujeto de un experimento sobre los efectos del aislamiento extremo en el homo sapiens. Y lo que comienza como una estancia solitaria y meditativa en compañía de su perro Mercury se convierte poco a poco en un delirio. Poe ha encontrado, después de muerto, su Kingdom by the Sea. Y es, por supuesto, una pesadilla sobre las alucinaciones (poéticas y científicas) de su siglo.

2) Una pareja burguesa y aburrida compra una replicante de Emily Dickinson en EDickinsonRepliLuxe. Quieren una figura cultural que eleve sus vidas, y Emily Dickinson parece ser perfecta: es modesta, tranquila y hacendosa; es célebre sin ser vulgar y despierta en la esposa, que la recibe como a una hermana, cierta vena pseudoartística. Pero, ¿está el matrimonio preparado para soportar la presencia de la poesía en su propia casa? ¿Son capaces de asumir que el corazón del hecho poético es, esencialmente, un enigma?

3) Grandpa Clemens & Angelfish es la historia del viejo verde Samuel Clemens (Mark Twain) y su colección de niñas. En los últimos años de vida, Clemens creó un “Acuario”, sociedad secreta para niñas de entre diez y dieciséis años con sensibilidad, educación e inclinaciones artísticas. Clemens, deprimido por la muerte de su esposa y dos de sus hijas, busca consuelo en la compañía de sus nietas adoptivas, sus “peces-ángel”, a las que adora, protege y guía.

4) Y aquí otra bomba: The Master at St. Bartholomew’s Hospital. Henry James encuentra el paraíso unos pocos años antes de morir, entre mutilados de guerra, y nosotros nos acercamos a la naturaleza de la herida “horrible y oscura” cuyas consecuencias arrastró toda su vida. El relato es, como se espera, irreverente y verosímil. Hay metralla, amputaciones, letrinas, una enfermera estricta y un autor humillado y feliz. No cuento más.

5) Papa at Ketchum es, quizá, el relato más flojo de la colección. Hemingway, en su retiro en Idaho prepara su fusil para volarse la cabeza. Los contenidos del semi-monólogo tienen enjundia (suicidio, misoginia, crisis creativa, alcoholismo), pero quizá se eche de menos un tratamiento algo más imaginativo.

En cualquier caso, Wild Nights! es una obra corrosiva, arriesgada y libre que merece la pena leer y releer. Joyce Carol Oates, con quien somos particularmente estrictos por pura envidia, vuelve a pasar el examen con nota.

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Para abrir boca mientras esperamos la reedición de The Misteries of Winterthurn, página-enciclopedia de Joyce Carol Oates:
http://jco.usfca.edu

1) contenido del manuscrito The Light-House, de Edgar Allan Poe:
http://www.eapoe.org/works/tales/pt069-r1.htm

2) todos los poemas de Emily Dickinson en:
www.bartleby.com/113

3) La correspondencia entre Samuel Clemens y sus “peces-ángel” está publicada (Mark Twain's Aquarium: The Samuel Clemens Angelfish Correspondence, 1905-1910, ed. John Cooley. Athens: University of Georgia Press, 1991. 297 pp), así como los recuerdos de una de las niñas (Mark Twain and Me: A Little Girl’s Friendship with Mark Twain, by Dorothy Quick; hay película de Disney sobre este libro).

Los fragmentos de la autobiografía de Twain que se refieren a la creación de su “acuario” están en:
http://www.twainquotes.com/bermuda/ch8.html
y en:
http://www.twainquotes.com/angelfish/angelfish.html
con fotos y biografías de las niñas.

La nieta de una de las niñas-pez que tanto adoró Samuel Clemens subastó hace poco la insignia en forma de pez-ángel con el que las niñas elegidas eran conmemoradas al entrar a la hermandad secreta. Aquí está la historia:
http://www.pbs.org/wgbh/roadshow/fts/baltimore_200701A20.html

4) Discusión sobre la naturaleza de la “herida oscura” de Henry James, es decir: ¿se quemó los testículos al apagar un incendio o se los aplastó al saltar una valla?
http://www.jonathanames.com/james/james.html
donde se consideran como fuentes documentales la autobiografía de James, la biografía de Leon Edel y (algo no muy frecuente) la biografía que Rebecca West escribió en 1915-16, con James aún vivo.

Sobre la posibilidad de que la “herida oscura” sea una expresión metafórica referente a la homosexualidad de James hay miles de referencias bibliográficas.

5) Y por último, fotos de la casa de Ketchum donde Hemingway cogió su fusil: http://www.usplanb.com/hemingway.cfm

*Fotografías de Ken Rosenthal